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El misterio del Santísimo Sacramento en Suchiapa

  • Foto del escritor: Noé Farrera Garzón
    Noé Farrera Garzón
  • 16 jul
  • 2 Min. de lectura

En lo profundo del alma chiapaneca, el municipio de Suchiapa guarda una historia cargada de fe, misticismo y un aura de leyenda. Se trata de la veneración al Santísimo Sacramento del Altar, figura central de la tradicional fiesta de Corpus Christi, una de las celebraciones más singulares del estado de Chiapas por su profundo sincretismo y la presencia de personajes emblemáticos como los tigres, el calalá y los chamulas.

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Sin embargo, no todo está dicho en torno al origen de esta devoción. Aunque la versión más difundida asegura que fue el señor Lucano Toalá quien encontró al Santísimo en el monte, algunas voces sabias del pueblo, descendientes de antiguos cofrades y guardianes de la tradición oral, sostienen otra versión, quizás más cercana a la verdad… o al misterio.

Según esta historia, Lucano Toalá no fue el descubridor, sino uno de los priostes —figura encargada de custodiar y organizar los rituales religiosos. En realidad, se desconoce quién encontró al Santísimo Sacramento, y precisamente esa falta de certeza es lo que lo envuelve en un halo de enigma, de secreto sagrado, como si el objeto divino hubiera emergido por voluntad propia, entre la niebla y los susurros del monte.

La leyenda narra que Lucano intentó apropiarse de esta aparición sagrada, provocando un fuerte desacuerdo con su propio hermano, Agripino Toalá, quien, guiado por un sentido profundo de justicia comunitaria y respeto a lo divino, se lo arrebató y proclamó: "El Santísimo es del pueblo, no de un solo hombre". Fue él quien convocó a los antiguos pobladores y condujo la figura hasta el templo de la cofradía de San Jacinto, devolviéndola al cuidado colectivo.

Este relato, envuelto entre realidad y mito, forma parte del espíritu que hoy aún arde en cada rincón de Suchiapa durante la celebración del Corpus Christi. Porque más allá de las disputas del pasado, lo que permanece es el fervor del pueblo, que año con año se entrega con pasión a las danzas, rituales y rezos que acompañan esta festividad de múltiples capas simbólicas.

El visitante que llega a Suchiapa no solo presencia una fiesta religiosa, sino que se adentra en un mundo donde lo terrenal y lo divino se entrelazan, donde cada máscara, cada tambor y cada oración cuentan una historia tejida con orgullo, tradición y un toque de fábula, que mantiene viva la identidad cultural de Chiapas.

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