• Alejandra Orozco

El Madresal, destino Virgen de Chiapas

Los sitios ecoturísticos en México se caracterizan por ofrecer a sus visitantes paisajes naturales increíbles, así como actividades para conectar con la naturaleza, y por lo regular son manejados por los mismos pobladores, que ofrecen servicios muy alejados de los que podría tener un hotel de cadena o algún complejo comercial.



Sin embargo, lo que venden es la experiencia, momentos inigualables y alternativos a lo que normalmente conocemos, eso les da el valor agregado, aunque por lo regular son más accesibles que vacacionar en un lugar top, al encontrarse en condiciones más austeras y artesanales.


Chiapas cuenta con muchas opciones de este tipo, sin embargo uno de sus tesoros mejor cuidados es el Madresal, una playa virgen que permite disfrutar, relajarse y conocer las maravillas de nuestros paisajes y ambientes, un lugar donde el mar se encuentra con el manglar y que ofrece quietud y calma.


El proyecto ecoturístico es manejado desde 2008 por un grupo de pescadores que decidieron unirse para crear este proyecto, que cuenta con pocas cabañas aptas para los visitantes, donde pueden quedarse sin ser molestados además de participar en otro tipo de actividades como liberación de tortugas, paseos por el manglar y la visita al santuario de cocodrilos para vivir la adrenalina de estar cerca de ellos.


Para llegar, me acuerdo que hace muchos años que fui con mis papás y sus amigos, llegamos en carro a Tonalá, avanzamos hasta pasar Boca del Cielo y llegamos al final del camino, en la comunidad de Ponte Duro, donde dejaron estacionado el carro y nos bajamos con nuestras maletas para el fin de semana.


Los lancheros del lugar te ayudan con tus cosas y te acomodan para hacer el recorrido a través del manglar por 30 pesos por persona, al final del cual se encuentra esta playa de azul cristalino como un oasis entre los árboles, recuerdo mucho sus raíces gruesas emergiendo del agua, parecía un bosque de cuento encantado, incluso tenía una onda medio tenebrosa, pero que encerraba su belleza.



Ahí en la playa había algunas cabañas, en ese tiempo eran algunas más sencillas que otras y recuerdo que no había electricidad, o quizá solo focos débiles, no recuerdo bien; también había una palapa con cocina que ofrecía desayunos, comidas y cenas, y una quietud en las noches que no he podido volver a encontrar.


Eso sí, había muchos zancudos y creo que pulgas de mar, porque todos regresamos picoteados y no sabían si eran chaquistes o estas pulgas, sin embargo eso no nos arruinó la experiencia, solo se recomienda llevar repelentes y aguantar un poquito el calor, pues no había climas o ventiladores.


En el lugar rentan kayaks, bicicletas, dicen que ya hay alberca, y hay otras actividades en grupos con un guía, como avistamiento de aves en temporada, pesca en el estero y recorridos en lancha, ya sea por el manglar o para ver a los cocodrilos, cuestan hasta mil pesos por persona.


Actualmente, las cabañas cuestan desde 900 pesos por noche para cuatro personas, ya tienen ventilador, además de la cama y hamaca, hay una zona de camping que va de 250 a 300 pesos y ofrece almohada, colchoneta y sábana, depende del tipo de experiencia que quieras vivir el costo de tu viaje.



Los lugareños usan energías limpias y realizan actividades de conservación de los manglares, por lo que es un sitio auto sustentable y no muy concurrido, solo tiene capacidad para unas 10 familias y sin duda es un rincón único que bien vale la pena mantener poco conocido.

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